Lo que revela su beso

Interpretación bíblica - Parábolas

2020.11.05 00:43 iglesiadecristocc Interpretación bíblica - Parábolas

Interpretación bíblica - Parábolas

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Así fue interpretada por San Agustín la "parábola del buen samaritano" (Lc 10:25-37):
- "Jerusalén" representa el paraíso - Los "salteadores" representan al diablo y sus ángeles - Las "heridas" representan la indución al pecado - "Medio muerto" representa la pérdida de la inmortalidad del ser humano - El "sacerdote" y el "levita" representan la era de los profetas y la época de la ley - El "samaritano" representa a nuestro Señor Jesucristo
A pesar de ser uno de los grandes filósofos religiosos - San Agustín olvidó el contexto - hizo a un lado la pregunta del doctor de la ley (<<¿Y quién es mi prójimo?>> (Lc 10:29)) y la pregunta del Señor Jesús (<<¿Quién de estos tres te parece haber sido prójimo del que cayó en mano de los salteadores?>> (Lc 10:36)); Si el samaritano es Dios hecho hombre, entonces ¿Dios es mi prójimo? Intento decir que con demasiada frecuencia son mal entendidas las parábolas, y no debemos confiar ciegamente en las interpretaciones de otros, aunque otros parezcan grandes eruditos.
Lc 10:25-37 nos dice que la parábola del samaritano fue dirigida originalmente a un doctor de la ley que queriendo justificarse preguntó al Señor Jesús: ¿y quién es mi prójimo? La intención de este doctor de la ley era poner a prueba al Maestro con una pregunta; el Señor le contesta que debe cumplir con el mandato de amar a Dios y al prójimo, pero en la mentalidad de un experto de la ley mosaica no se incluía a cualquier tipo de persona al clasificarla dentro del selecto grupo llamado "prójimo".
En la parábola, dos religiosos son indiferentes ante el estado crítico de un hombre herido; el Maestro le está diciendo al doctor de la ley que su manera de poner en práctica la ley es igual de retorcida que su manera de interpretarla, y, por lo tanto, debe corregirla.
Parábolas son sucesos fingidos, de donde se deducen - por comparación o semejanza - verdades importantes o enseñanzas morales (www.rae.es).
Marcos 4:10-12 Y cuando estuvo a solas, los que estaban con los doce alrededor de Él, le preguntaban acerca de las parábolas. Y les respondía: A vosotros os ha sido dado el misterio del reino de Dios, pero a los de afuera todo es presentado en parábolas, para que viendo, vean y no perciban, y oyendo, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan, y les sea perdonado. - El Señor Jesús, aunque habló en parábolas, reveló los misterios del reino de Dios - Impíos no pueden percibir ni entender este misterio
Una parábola pretende llamar a la reflexión, es un método para invitarnos a reaccionar, a responder positivamente ante la verdad que se nos revela. Es un desafío a recapacitar sobre nuestra manera de pensar y vivir.
Quienes vivimos en esta época tenemos limitaciones para entender las parábolas porque estas fueron dichas en contextos que no siempre conocemos. Pero los seguidores del Señor en el primer siglo reaccionaban a lo inmediato y eran cautivados por estas magníficas enseñanzas que apuntaban al corazón.
Necesitamos esforzarnos en visualizar esos escenarios para disfrutar las parábolas e intentar comprender la intensidad con la que fueron recibidas por aquellos discípulos.
Analicemos el siguiente ejemplo:
Lucas 7:40-42 Jesús, tomando la palabra, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dice: di, Maestro. Cierto acreedor tenía dos deudores: el uno debía quinientos denarios, y el otro cincuenta. No teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. ¿Cuál de ellos, pues, lo amará más?
Si alquien lee solamente esto - ignorando el contexto - podría pensar que esta parábola trata de una simple operación matemática para determinar cuál cifra es mayor, 50 o 500 en relación con el amor.
Consideremos ahora la información no incluida en estos tres versículos: - Simón (un fariseo) invitó al Señor Jesús a comer - Este fariseo no le ofreció al Señor agua para lavar sus pies (lo que parecía una costumbre cuando alguien importante era invitado), ni le dio un beso, ni lo ungió con aceite; no atendió a Cristo Jesús como se hacía con un verdadero rabino - Una mujer, al saber que Jesucristo estaba en casa de este fariseo, regó los pies del Maestro con sus lágrimas y luego los secaba con su cabello, también besaba sus pies y los ungía con perfume - El fariseo dijo: "Este, si fuera un profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que se agarra de Él, que es una pecadora
¿Siente la diferencia al conocer el contexto de esta parábola? ¿Se identifica usted con esta historia? ¿Verdad que el impacto es mayor? ¿Se da cuenta que considerarnos menos pecadores que otros no es correcto?
El significado de la parábola está directamente relacionado con la manera en que originalmente fue escuchada. Es muy grande la distancia cultural, casi dos mil años, entre la audiencia original de las parábolas y usted.
Tenemos ciertas diferencias entre unas parábolas y otras en los evangelios: - Unas que hacen referencia a los conflictos entre los fariseos y Jesucristo - Otras cuyo contexto no se narra en los evangelios - Hay también parábolas del reino, en las que simplemente nos habla el Maestro acerca de la naturaleza de Su reino
Lo que no hay en las parábolas es enseñanza mítica ni profecías, ningún asunto pendiente de revelar.
Las parábolas cautivaron a los oyentes porque estos comprendieron muy bien el contexto en que fueron dichas. Lo que hacemos hoy es contar historias de nuestro contexto para explicar el mensaje de aquella época. Necesitamos estar muy interesados en todo lo relacionado con el reino de Jesucristo para asimilar las lecciones alrededor de la parábola.
Teól. Fernando Montes
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2020.09.18 14:00 kong-dao Qué es el budismo (Jorge Luis Borges;Alicia Jurado)

Siddharta queda siete días en la soledad. Busca después a los ascetas que habitan en la selva; unos están vestidos de hierbas, otros de hojas. Todos se alimentan de frutos; unos comen una vez al día, otros cada dos días, otros cada tres (Nota propia: Adan y Eva también iban vestidos con hojas luego de comer "el fruto prohibido") Rinden culto al agua, al fuego, al sol o a la luna. Hay quien está parado en un pie y hay quienes duermen en un lecho de espinas.

Acaso no sea inútil señalar que el siglo VI a. de C., en que floreció el Buddha, fue un siglo de filósofos: Confucio, Lao Tse, Pitágoras y Heráclito fueron contemporáneos suyos.

Como Schopenhauer, los hindúes desdeñan la historia; carecen de sentido cronológico

La verdad, por escandalosa que sea, es que a los hindúes les importan más las ideas que las fechas y que los nombres propios.

El alma inmaterial es un espectador, un testigo, no un actor de las cosas. Cuando el cuerpo sutil o alma psíquica intuye esta verdad, cesa la unión del alma con la materia.

Como todas las religiones y filosofías del Indostán, el budismo presupone las doctrinas de los Vedas. La palabra Veda significa «sabiduría» y se aplica a una vasta serie de textos antiquísimos que, antes de ser fijados por la escritura, se transmitieron oralmente de generación en generación (Nota propia: Transmisión oral igual que el Taoismo y Confucionismo para evitar que los conocimientos sean "atrapados" por los que sabían leer y/o escribir)

Recordará el lector que Parménides análogamente negó que hubiera variedad en el mundo. Zenón de Elea, su discípulo, formuló sus paradojas para probar que las nociones corrientes del tiempo y del espacio conducen a resultados absurdos. Para Sankara hay un solo sujeto conocedor; su esencia es eterno presente.

Elige a su madre, la reina Maya (este nombre significa la fuerza mágica que crea el ilusorio universo), mujer de Suddhodana, que es rey en la ciudad de Kapilavastu, al sur del Nepal

Mara, dios del amor, del pecado y de la muerte, ataca entonces a Siddharta.(Nota propia: Mara: dios de la ilusión, es quien tienta a Buda cuando medita bajo "el árbol de la sabiduría" - situación similar cuando Jesús es tentado por el demonio en el monte)

Ya en los Vedas, Dios es el Hechicero que crea el mundo aparencial mediante la fuerza mágica de Maya, la ilusión (...) No existen Maya y Dios; Maya es un atributo de Dios, como el calor y el resplandor son atributos del fuego (...) El cosmos es la ilusión cósmica; el cuerpo, el Yo y la noción de Dios como creador son facetas parciales de esa ilusión.

La salvación debe buscarse en el Vedanta, que enseña la irrealidad de las cosas y la realidad de una sola cosa indeterminada: Dios o el alma. El Vedanta debe ser estudiado con un maestro, cuya lección final será: «Tú eres Brahman».

Como todas las religiones y filosofías del Indostán, el budismo presupone las doctrinas de los Vedas. La palabra Veda significa «sabiduría» y se aplica a una vasta serie de textos antiquísimos que, antes de ser fijados por la escritura, se transmitieron oralmente de generación en generación. El Korán es un libro sagrado, la Biblia es un conjunto de obras que fueron declaradas canónicas por diversos concilios; la índole divina de los Vedas ha sido en cambio reconocida en la India desde una época inmemorial. Himnos, plegarias, incantaciones, fórmulas mágicas, letanías, comentarios místicos y teológicos, meditaciones ascéticas e interpretaciones filosóficas integran los Vedas. Se entiende que son obra de la divinidad que, al cabo de cada una de las infinitas aniquilaciones del universo, los revela a Brahma; este, mediante las palabras de los Vedas, que son eternas, crea un nuevo universo. Así, la palabra piedra es necesaria para que haya piedras en cada nuevo ciclo cósmico.
La más famosa de las escuelas filosóficas, el Vedanta, tiene su raíz en los Vedas; Vedanta quiere decir «Final» o «Culminación de los Vedas». Se trata de un monismo panteísta, afín a las doctrinas occidentales de Parménides, Spinoza y Schopenhauer. Para el Vedanta hay una sola realidad, diversamente llamada Brahman (Dios) o Atman (alma), según la consideremos objetiva o subjetivamente. Esta realidad es impersonal y única; ni en el universo ni en Dios hay multiplicidad. Recordará el lector que Parménides análogamente negó que hubiera variedad en el mundo. Zenón de Elea, su discípulo, formuló sus paradojas para probar que las nociones corrientes del tiempo y del espacio conducen a resultados absurdos. Para Sankara hay un solo sujeto conocedor; su esencia es eterno presente.
Brahman destruye y crea el universo cíclicamente: ambas operaciones son de índole mágica o alucinatoria. Ya en los Vedas, Dios es el Hechicero que crea el mundo aparencial mediante la fuerza mágica de Maya, la ilusión. Dos motivos de muy diversa índole han sido sugeridos para justificar las periódicas emanaciones y aniquilaciones del universo; para unos, el proceso cósmico es natural e involuntario como la respiración; para otros es un juego infinito de la ociosa divinidad. Recordemos la sentencia de Heráclito: «El tiempo es un niño que juega a las damas; un niño ejerce el poder real», y el verso del místico alemán del siglo XVII, Angelus Silesius: «Todo esto es un juego que ejecuta la divinidad».

La doctrina del Vedanta se resume en dos afamadas sentencias: Tat twuam asi (Eso eres tú) y Aham brahmasmi (Soy Brahman). Ambas afirman la identidad de Dios y del alma, de uno y el universo. Esto quiere decir que el eterno principio de todo ser, que proyecta y disipa mundos, está en cada uno de nosotros pleno e indivisible. Si se destruyera el género humano y se salvara un solo individuo, el universo se salvaría con él (Nota personal: Si se salva un ser humano, también se salvaría la ilusión)
Otros maestros del Vedanta agregan que el error fundamental de las almas es identificarse con los cuerpos que habitan y buscar placeres sensuales, que las atan al mundo y son causa de sucesivas reencarnaciones.(Nota propia: Libro Tibetano de los Muertos) La ejecución desinteresada de los deberes que los Vedas imponen conduce a la salvación. Debemos amar al Creador, no a las criaturas.
Después de la muerte, el alma liberada es, a semejanza de Dios, pura conciencia, pero no se confunde con Dios, que es infinito. Esta es la doctrina de Ramanuja; otros afirman que las almas individuales se pierden en la divinidad como la gota del rocío en el mar.
(...)Schopenhauer escribe: «Uno son el torturador y el torturado. El torturador se equivoca, porque cree no participar en el sufrimiento; el torturado se equivoca, porque cree no participar en la culpa».

Los dioses viven muchos siglos, pero no son inmortales. Algunos habitan la cumbre del monte Meru; otros, palacios suspendidos en el aire. A medida que la jerarquía es más alta, los goces son menos físicos; la unión de los dioses inferiores es semejante a la de los hombres; luego, en categorías más elevadas, se realiza mediante el beso, la caricia, la sonrisa o la contemplación. No hay concepción ni nacimiento; los hijos, ya de cinco a diez años de edad, aparecen de pronto sobre las rodillas de la diosa o del dios que es su madre o su padre (según la tradición hebrea, Adán tenía treinta y tres años en el momento en que fue creado). Los dioses de la segunda región ignoran los deleites sensuales: su alimento es la alegría y sus cuerpos están hechos de materia sutil. Oyen y ven, pero carecen de gusto, olfato y tacto. En la tercera región los dioses son incorpóreos y viven en un puro éxtasis contemplativo que puede extenderse a veinte, cuarenta, sesenta u ochenta mil períodos cósmicos.

Para Schopenhauer, hay en el mundo una sola esencia, la Voluntad, que asume todas las formas del universo; la transmigración es un mito que presenta de un modo sucesivo esa realidad eterna y ubicua.

Hemos dicho que cada encarnación determina la subsiguiente; esta determinación constituye lo que las escuelas filosóficas de la India llaman el karma. La palabra es sánscrita y deriva de la raíz kri, que significa «hacer» o «crear». El karma es la obra que incesantemente estamos urdiendo; todos los actos, todas las palabras, todos los pensamientos —quizá todos los sueños— producen, cuando el hombre muere, otro cuerpo (de dios, de hombre, de animal, de ángel, de demonio, de réprobo) y otro destino. Si el hombre muere con anhelo de vida en su corazón, vuelve a encarnar; es como si, al morir, plantara una semilla.

Radhakrishnan ha definido el karma como la ley de la conservación de la energía moral. También podemos considerarlo una interpretación ética de la ley de causalidad
El karma obra de un modo impersonal. No hay una divinidad de tipo jurídico que distribuye castigos y recompensas; cada acto lleva en sí el germen de una recompensa o de un castigo que pueden no ocurrir inmediatamente, pero que son fatales.

La teoría platónica o pitagórica de la transmigración presupone un alma que transmigra, una pura esencia inmortal que se aloja en un cuerpo y después en otro; el budismo, en cambio, niega la existencia de un Yo y recurre al karma para asegurar una continuidad de las diversas vidas.

En el budismo hay seis condiciones para el hombre después de la muerte. Se las llama los Seis Caminos de la Transmigración y se las enumera así: 1) La condición de dios (deva). Estos seres han sido heredados de la mitología indostánica y, según ciertas autoridades, son treinta y tres: once para cada uno de los tres mundos. Deva y Deus proceden de la raíz div, que significa «resplandecer». 2) La condición de hombre. Esta es la más difícil de lograr (...) sólo los hombres pueden alcanzar el nirvana. 3) La condición de asura. Los asuras son enemigos de los devas. Afines a los asuras son los nagas, serpientes de rostro humano (Nota personal: ver diosa taoista Nuwa) que moran en palacios subterráneos, donde conservan los libros esotéricos del budismo. 4) La condición animal. La zoología budista los clasifica en cuatro especies: los que no tienen pies, los que tienen dos pies, los que tienen cuatro pies y los que tienen muchos pies. Los jatakas refieren vidas anteriores del Buddha en cuerpos de animales. 5) La condición de preta. Son réprobos atormentados por el hambre y la sed; su vientre puede ser del tamaño de una montaña y su boca como el ojo de una aguja. Son negros, amarillos o azules, llenos de lepra y sucios. Algunos devoran chispas, otros quieren devorar su propia carne. Suelen animar los cadáveres y merodear por los cementerios (Nota personal: ¿Necromantes?) 6) La condición de ser infernal. Sufren en lugares subterráneos, pero también pueden estar confinados en una roca, un árbol, una casa o una vasija. El Juez de las Sombras habita en el centro de los infiernos y pregunta a los pecadores si no han visto al primer mensajero de los dioses (un niño), al segundo (un anciano), al tercero (un enfermo), al cuarto (un hombre torturado por la justicia), al quinto (un cadáver ya corrompido). El pecador los ha visto, pero no ha comprendido que eran símbolos y advertencias. El Juez lo condena al Infierno de Bronce, que tiene cuatro ángulos y cuatro puertas; es inmenso y está lleno de fuego. Al fin de muchos siglos una de las puertas se entreabre: el pecador logra salir y entra en el Infierno de Estiércol. Al fin de muchos siglos puede huir y entra en el Infierno de Perros. De este, al cabo de siglos, pasará al Infierno de Espinas, del que regresará al Infierno de Bronce.

Predica una Vía Media: el Sagrado Óctuple Sendero, al que conducen las Cuatro Nobles Verdades. Estas verdades son: el sufrimiento, el origen del sufrimiento, la aniquilación del sufrimiento y el camino que lleva a la aniquilación del sufrimiento, o sea, el Óctuple Sendero (...) ¿Qué es el sufrimiento? El Buddha responde: «Es nacer, envejecer, enfermarse, estar con lo que se odia, no estar con lo que se ama, desear y anhelar y no conseguir». ¿Cuál es el origen del sufrimiento? ¿Cuál es el camino que lleva a la aniquilación del sufrimiento? El Buddha responde: «Es el Sagrado Óctuple Sendero: recto conocimiento, recto pensamiento, rectas palabras, rectas obras, recta vida, recto esfuerzo, recta consideración y recta meditación». Estas normas integran una Vía Media (Nota personal: Confucio - El Justo Medio) (...) La doctrina, observa Köppen, no es dogmática ni especulativa; es moral y práctica.

Nirvana es la palabra sánscrita que, etimológicamente, vale por «apagamiento», «extinción»; también cabría traducir «el extinguirse» o «el apagarse».

En cambio, el budismo niega, adelantándose a Hume, la conciencia y la materia, el objeto y el sujeto, el alma y la divinidad. Para las Upanishadas, el proceso cósmico es el sueño de un dios; para el budismo, hay un sueño sin soñador. Detrás del sueño y bajo el sueño no hay nada. El Nirvana es la única salvación (...) Schopenhauer, que tanto ha influido en las interpretaciones occidentales de la doctrina del Buddha, considera que Nirvana es un eufemismo de la palabra nada (...) Alcanzado el Nirvana, antes de la muerte, las acciones del santo ya no proyectan karma alguno; puede prodigar bondades o cometer crímenes, y estos no engendran recompensa ni castigo, ya que está libre de la Rueda y no renacerá.

Para nosotros, la extinción de una llama equivale a su aniquilamiento; para los hindúes, la llama existe antes de que la enciendan y perdura después de apagada. Encender un fuego es hacerlo visible; apagarlo, es hacerlo desaparecer, no destruirlo (...) Lo mismo ocurre con la conciencia, según el Buddha: cuando habita el cuerpo la percibimos; cuando muere el cuerpo desaparece, pero no cesa de existir.

De Aristóteles se dijo que por la mañana confiaba sus pensamientos íntimos a unos pocos alumnos; por la tarde, comunicaba a un grupo más amplio una versión popular. La primera doctrina era la esotérica; la otra, la exotérica. Lo mismo ocurre con Pitágoras y con Platón y, también, con el Buddha.

El ideal del Buddha ha sido reemplazado por el del Bodhisattva, un hombre que se propone llegar a Buddha al cabo de innumerables encarnaciones.

El Hinayana afirma que en el Nirvana desaparecerán la vista, el tacto, el olfato, el gusto y la audición, y compara al elegido con una lámpara apagada. Nagarjuna declara que lo que no existe no puede desaparecer ni continuar. El Nirvana equivale a la concepción de que nada existe; el Samsara ya es el Nirvana y se identifica con el principio absoluto que hay detrás de las apariencias. El hombre que sabe que no es ha alcanzado el Nirvana; el vasto universo astronómico no es menos irreal que ese hombre. Quien se confunde con los otros y con todo lo otro ya ha logrado la meta (Nota personal: taoismo)

En uno de los tratados que se titulan Ápice de la Sabiduría, se lee que todo, para el sabio, es mera vacuidad, mero nombre; también es mera vacuidad y mero nombre el Ápice de la Sabiduría (Nota personal: taoismo)

Hay una carrera intermedia, la del Pratyeka Buddha, el santo solitario que, sin ayuda de maestros, llega a ser Buddha, pero que no puede comunicar su iluminación.

En el Hinayana no hay sacerdotes,hay monjes; el lamaísmo, en cambio, nos muestra una vistosa jerarquía, cuyas dos cabezas —el Dalai-Lama o Glorioso Rey y el Pantchen-Lama o Glorioso Maestro— ejercieron, como los Papas medievales, el poder temporal y espiritual.

(...) el lamaísmo, como la doctrina cristiana, concede una decisiva importancia a la hora de la agonía. Llegada esa hora, o aun después de la muerte, un sacerdote lee al moribundo o al cadáver el libro que se llama Bardo-Thödol o Liberación por el oído, que consta de una serie de instrucciones para el viajero en los reinos de la muerte (...) Una vez enterrado el cadáver, la ceremonia continúa; su duración es de cuarenta y nueve días y se ejecuta ante una efigie que representa al muerto. La efigie finalmente se quema.

El confucianismo es menos una religión que un sistema ético y social; el taoísmo enseña, como el budismo, la irrealidad del universo. Es famosa la parábola de Chuang-Tzu, otro de sus maestros: «Chuang-Tzu soñó que era una mariposa y no sabía, al despertar, si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre».

Cuando en el año 526 el patriarca Bodhidharma arribó a la China, el emperador se jactó de los numerosos monasterios que había fundado y de la cantidad creciente de monjes; Bodhidharma le dijo que tales cosas pertenecían al mundo de las apariencias y que no había ganado ningún mérito. Luego, se retiró a meditar. Según una leyenda, pasó nueve años en silencio ante un muro, donde quedó impresa su imagen. Fundó la secta de la meditación (Ch’an), que daría origen en el Japón al budismo Zen.
(...)
Los monjes eran, por lo regular, gente ignorante reclutada entre los campesinos y tampoco recibían una instrucción general en el monasterio.

El budismo tántrico cree que la iluminación sólo puede obtenerse por medio de una doctrina esotérica que el maestro, el guru, enseña oralmente al discípulo, el chela, y que no podemos hallar en las escrituras sagradas. Las prácticas comprenden tres métodos: la repetición de fórmulas, los gestos y danzas rituales y la meditación que nos identifica con determinadas divinidades (...) Para ayudar a la imaginación existe una tradición pictórica: ciertos mándalas representan a las divinidades y otros son símbolos de los Buddhas o del universo.

(...) el primer ejemplo de intuición instantánea que en el Japón se llama satori; equivale a lo que sentimos al percibir de golpe la respuesta a una adivinanza, la gracia de un chiste o la solución de un problema.
(...)
Nuestros hábitos mentales obedecen a los conceptos de sujeto y de objeto, de causa y efecto, de lo probable y de lo improbable y a otros esquemas de orden lógico que nos parecen evidentes; la meditación, que puede exigir muchos años, nos libra de ellos y nos prepara para ese súbito relámpago: el satori.
Desconfiar del lenguaje, de los sentidos, de la realidad del pasado propio o ajeno y aun de la existencia del Buddha, son algunas de las disciplinas que debe imponerse el adepto. (Nota personal: Desconfiar, cuestionar, dudar, filosofar)

Para provocar el satori, el método más común es el empleo del koan, que consiste en una pregunta cuya respuesta no corresponde a las leyes lógicas.

«La felicidad es de aquel que tiene nada, que ha dominado la doctrina y ha alcanzado la sabiduría. Mira cómo sufre el que tiene algo. El hombre está encadenado al hombre».

Aclaremos que infinito no es, para el budismo, un sinónimo de indefinido o de innumerable; significa, como en las matemáticas, una serie sin principio ni fin. Nuestro pasado no es menos vasto ni menos insondable que nuestro futuro.
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2020.05.15 06:47 DanteNathanael Nelkenherz: parte 1/2

NELKENHERZ


Las escaleras están frescas con heridas mientras sube escalón a escalón, poco a poco la obscuridad esclareciendo en sus viñetas oculares, volviendo a respirar con tranquilidad. Y aunque presentemente se encuentre solo, en su corazón lleva la compañía de todo el mundo.
La encuentra limpiando claveles en el estanque del jardín. Se pone de puntitas y trata de evadir las recientes flores y frutos caídos de las jacarandas que cubren la casa de la extraña lluvia tardía. Las obscuras ramas dibujan hipotrocoides en el aíre. Gorriones con la cabeza rojiza surfean el flujo etéreo que pasea sobre la ciudad, hacía el moribundo sol, la niebla ascendente pintada más y más de naranja en el horizonte hasta esfumarse en espirales concéntricos. . . . Pero antes de llegar a ella, ve la suavidad y lentitud con la que lava cada pétalo—del rojo pasan al rosa dentro del agua. A su lado apenas queda un par. Acercándose un poco más, las pieles de los irregulares pétalos revelan haber sido artificialmente teñidos con un rojo escarlata. Lentamente, todavía de puntitas, la abraza por detrás, un beso en la mejilla, un silencioso “ya estoy en casa, cuéntame.”
Termina de lavar los últimos claveles, los amarra en un ramo con la liga de su cabello, exdorado y cayendo en gravedad disminuida, seguramente por la presión atmosférica, y por fin le deja ver sus ojos, su mirada decaída. Una serie de jalones cardiacos le hacen instantáneamente besarle la frente y abrazarla. Pequeñas aglomeraciones de tristeza liquida empiezan a bajar por sus mejillas. Ambos se paran al mismo tiempo, petricor acercándose cada vez más. Deja que ella tome el ramo. Lo sostiene cerca de su pecho, manchando su azul uniforme. Caminan hacía la puerta trasera, entrando silenciosamente a casa.
La luz permanece apagada. A través del estudio hay veladoras que él empieza a encender, mientras ella regresa del almacén con un jarro acampanado de vidrio. Dentro de él coloca las flores, agua y unas cuantas lágrimas. Cuando la ultima veladora ha sido despertada, el pequeño cofre, Cuauhxicalco—que le sorprende aún funcioné después de tanto tiempo, especialmente al ser su primer proyecto de carpintería, regalo de su primer aniversario—ya descansa en sus blancas y temblorosas manos. Se acerca y le desabrocha el pequeño collar de oro del cual pende una pequeña llave con las letras vanvda en el cuerpo de esta, que ahora va clink, clink, para abrir y revelar múltiples chalchihuites, jades y serpentinas. De su bolsillo saca 3 jades. Las lágrimas dentro de él no pueden ser contenidas por mucho más tiempo, pero da su todo para seguir mirando en silencio. Ella toma un pétalo de clavel y envuelve una de las piedritas en él. Tan pronto como introduce las tres piedritas se deja caer, él apenas si la alcanza.
La sienta en el sillón de vinilo negro, su favorito, en la esquina del estudio. Toma otra silla y se sienta frente a ella. Después de un minuto, comienza a hablar.
“No fueron 3.”
“Oh. Gracias a Dios. . . .” La tristeza viene ahora a ser reemplazada por curiosidad. “¿Entonces por qué pusiste tres piedritas dentro del cofre?”
La lluvia llega al techo sobre sus cabezas. Su pequeño entra a la habitación, buscando a sus padres, extrañado de no haber escuchado el usual tumulto en la puerta delantera.
“Cuando me llamaste y dijiste que quizás tardarías un poco más, no pensé que fuera tan grave, Cariño.”
Las manitas del pequeño toman otra silla y la arrastra hasta quedar entre ellos. Despeja el cabello de sus ojos y se amarra su casi dorado cabello con una liga que siempre lleva en la muñeca. Su mirada revela entender lo que está pasando. Coloca una de sus manitas de porcelana en la pierna de mamá y la otra en la pierna de papá, y asiente gravemente, pidiendo que continúe.
Und ich gehör dir nicht zu.
Beide klagen wir nun.
¿Dijiste algo, Preciosa?” dice mientras pasea su trapo de derecha a izquierda sobre la blanca superficie moteada del mostrador, dejando un rastro húmedo—susurros narcolépticos de caracol. “¿Has estado leyendo tus poemarios de nuevo?”
“¡Yia! Pfugeljin.”
“¿Vögelchen?” una pequeña risa. “¿Y ahora por qué soy una pequeña ave? ¿Qué hice ahora?”
“Eeeees—“ acercándose hacía él, hasta dejarse caer sobre sus hombros, rodeándolo con sus suaves y cansados brazos, recostando su cabeza en palpitante pecho de su amado, para continuar “—porque eres el que me lleva al cielo en tus alas.”
Las ultimas tormentas han dejado de caer, aunque el hombre del clima, Don Eladio, alias “Hieladio,”avisó de un frente frío que llegaría del Norte por la tarde. El un poco oxidado gallo de los vientos, siempre anunciando en sutil canción la víspera del amanecer sobre el letrero de la florería, Nelkenherz en grandes letras serif rojas sobre un fondo blanco, avisa que el viento se acerca no desde el Norte, pero del Este.
En el encuadre se puede ver la parte baja del letrero de la tienda, del cual cuelgan cuatro bulbos geométricos, uno parpadeando, a punto de morir; ambos ventanales llenos de flores por detrás. Y la gran puerta de cristal-madera obscura, de la cual sale jovial, suelta y sonriendo naturalmente a quien pase Maxine Boan. La florería le pertenece a ella y a su esposo, Kelvin Antares. Las piernas del lucero de la calle Aloe se mueven de un lado para otro por debajo de su danzante vestido mientras recoge las restantes mesas que por la mañana estaban llenas de amapolas, lirios, petunias, girasoles, rosas, margaritas, geranios, hortensias, petunias, begonias, gitanillas, azucenas, nomeolvides y claveles—los primeros del año. La cámara no puede captar muy bien todo el rango de colores por la mañana, pero ya que es tarde, bajo la luz monótona, nublada, saturada, ella brilla en el centro de la película.
Un pequeño beep avisa que ya ha terminado de grabar. La guarda dentro de los tantos bultos de su chaqueta y se levanta de la silla frente a la florería. Todos esperan ya la lluvia, pero no viene . . . espera pacientemente en las alturas para dejarse caer.
La cita es alas 19:30, en la entrada a la Posada del Sol.
Realmente no sabe lo que está haciendo. Un amigo le había recomendado trabajar con Tomas Villacorta Jr. Desde hace un año. Era un trabajo simple como este: ir y tomar video de un grupo de amigos que siempre se reunía cerca de Plaza San Pedro. Cuando la noche caía, bajo el manto matrimonial del sol y la luna, de las estrellas y el smog, se acercaban más, pagándole a alguien en la iglesia para subir a la azotea, al Hospital Juárez. Allí llevaban un tipo de ritual para comunicarse con la Planchada. Habiendo contactado previamente a la Quemada unos días antes, que había revelado el nombre de aquel malvado italiano, pidiendo que le hicieran pagar por lo que hizo, pues así lo quería la Tierra.
“Deste gafe ni la Llorona sabe. Su crimen castigado verlo he. ¿Encontréis vosotros a V.? Diz que Planchada en vida fuera duno de su cuna amante.”
“¿Eulalia ‘La Planchada’ del Hospital Juárez?”
“Con ella averar.”
Así que lo hicieron. . . . Un poco.
La Planchada estaba demasiado cansada después de la pandemia que ocurrió hace unos años. Los pacientes necesitaban demasiada atención. Incluso tuvo que ir de paso a otros hospitales para suplir con la carga a los enfermeros espectrales que allí laboraban. En sus aventuras fuera del Juárez se encontró a varios fragmentos del alma de Nightingale trabajando horas extra. Historias fueron intercambiadas y pronto Eulalia se dio a conocer en todo el mundo fantasmal benigno. (Algunos dicen que incluso el maligno, pues se apareció el fantasma de un criminal, herido, una noche en la explanada del Juárez. Eulalia lo curo y lo cuidó sin dirigirle la palabra.) Esto hizo que se arreglara de nuevo el cabello y lavara sus ropas, por lo que cuando finalmente apareció, casi no la reconocieron. Era 12 de mayo. Se sentó con ellos.
Eulalia reveló el nombre de aquel muchacho que la engaño, dejándola atrás, sola. Huyendo con aquella que finalmente llamaría esposa . . . Teodoro V.
Los chicos desaparecieron uno a uno después de eso. Él nunca lo supo.
Pero el dinero escaseaba, y el trabajo del magnate transnacional era demasiado fácil como para que pagara $10000 . . . solamente por filmar por una semana a una reconocida pareja que vendía flores y nunca daño a nadie. Demonios, incluso él mismo había ido a comprarle flores ahí a ella . . . a ella . . . varias veces. . . . ¿Qué podría pasar?
En las puertas de la Posada del Sol lo esperaba un agente vestido de basurero—es eso . . . sí, dice “prohibido penetrar a personas no autorizadas:” nice—naranja como el metro, como el cuerpo de una pluma, estoico, llenando botes despintados y oxidados de una cantidad exagerada de basura para un disfraz. Le hizo una señal de que echará el instrumento en la basura.
Bajo la acera, dando la mejor impresión de desinterés que pudiera, y aventó todo junto dentro del bote de basura orgánica. El hombre le maldijo.
Antes de llegar a casa, por curiosidad pasó de nuevo por la florería. Maxine ya había recogido todo y se encontraba dentro. En su mano una taza que al beber de ella empeñaba sus lentes. Kelvin estaba terminando de merodear en la caja, un último click antes de acercarse a Maxine, quien instantáneamente sonríe viéndole a los ojos . . . ¿fue eso una patada? No puede ver muy bien desde ahí.
Recuerda que todavía lleva puesta el arrugado disfraz, desparramándose a los lados como una masa viscosa dejada mucho tiempo sobre la mesa. Se la quitó y la desechó en el cubo más cercano. Finalmente se arma de valor para ir a saludar a la pareja, que ya van un paso afuera de la florería. El cielo aún está gris, pero ni el viento ni la lluvia tienen la presencia que se esperaba. Cuando Kelvin apaga las luces, todos los colores de la calle Aloe se dispersan a los vientos como motas de polvo. Ni una herida traería un poco de color de vuelta.
“¡Memo!” salta Maxine. Su negro cabello lacio se alza y cae lentamente en ritmo con su vestido, resaltando la luminosidad de sus dientes, rodeados de un rojo natural. Se acuerda de ella. “¿Cómo has estado? Hace mucho que no pasas por la tienda. ¿Las cosas siguen mal?”
“Si. . . . No la he vuelto a ver desde el invierno. Navidad fue la última vez que estuvimos verdaderamente juntos, desde ahí he estado estático. No sé si—“
“Memo,” interrumpe Kelvin.
“Señor,” haciendo un pequeño saludo japones, sincero y automático, con los ojos fijos en el suelo.
“Me pareces un excelente chico, Memo. Desde que venías a comprarle ramos personalizados, desde la primera hasta la penúltima vez que entraste en esta tienda, pude ver en tus ojos cuanto la amabas. Ah, no solo en tus ojos, todo tu ser rebosaba de amor, de energía.” Una pequeña pausa, sus pupilas brillantes, buscando qué decir, le dan la vuelta al mundo.
“Es repentino,” voltea a ver a su esposo, que le da el si con la cabeza. “¿No gustarías acompañarnos un poco a la casa? Me gustaría saber qué está pasando contigo y con . . . ella.”
“No se preocupe, puede nombrarla.”
“—con Claire.”
“Por supuesto, no tengo nada más que hacer por hoy.”
Después de 5 calles y 2 vueltas, subiendo las escaleras verdeas, las que si tienen barandal, llegan a una grandiosa reja que tiene las letras A&B en la cúspide, sobre las cuales descansa una corona de flores. Todo el trabajo de hierro parece estar hecho a base de gigantes flores petrificadas.
Guillermo mira su reloj . . . se le hunde el pecho. Ya es un poco tarde, pero ya no hay una razón por la cual llegar a casa lo antes posible. Comprará la cena en el camino de vuelta . . . y una botella de ron.
Adentro va Maxine, luego Guillermo y finalmente Kelvin, quien cierra la puerta tras de sí. Dentro de los umbrales de la casa, Guillermo puede ver claramente una distinción entre aquel lugar y el mundo exterior. Todo huele a paz, el peligro ya no sabe en su boca. ¿Es esto lo que es un hogar? Su pecho se hunde todavía más. Trata de que los recuerdos de un futuro imposible ahora no le llenen los ojos, desbordando todo aquello que no dice, el dique de su escasa seguridad llevado a un punto crítico. La humedad derrumbándose lentamente sobre su cara lo llevará de nuevo a la orilla del mar donde la conoció. Sabe que cada vez que lo hace, la brisa de barre su corazón con bruma algún día lo convertirá completamente en un bloque de sal, uno que todas las empresas que lucran con la insoportable inaceptabilidad de una partida, esperando en los valles emocionales donde la obscuridad es más densa, más pesada, que se pega a la piel, exprimirle todo hasta convertirle en un fantasma que recurre a la pornografía, el alcoholismo, la putería, para seguir huyendo . . . pero nunca podrá huir de nada. Y lo sabe. La promesa de amanecer en otro día más brillante, apenas consciente, con la boca seca y una resaca, siempre termina por llevarlo a un día todavía mas obscuro, donde el sol sigue brillando igual pero lo siente cada vez menos. Los horizontes a los que quiere llegar son solo los bordes de su tumba, y cada vez que cierra los ojos, la única luz que hubo en su vida, la única que dejó entrar, va rondando en el laberinto de su tragedia, sin parpadear . . . ni sus parpados lo protegen de notar su ausencia. . . .
. . . y Maxine lo abraza sin dudar. Finalmente llora. Kelvin entra para preparar la sala.
En los lapsos que puede abrir los ojos, un poco distorsionadas por el mas acuoso, puede ver muchas flores y cajas, cajas grandes, apiladas por doquier.
Maxine lo sienta a su lado en el sillón más largo, dando de frente a la apenas usada chimenea. “Deja salir todo,” le dice.
Kelvin cena solo. Deja preparados otros 2 platos y sube a realizar una llamada. Aún cuando Guillermo ya ha dejado de llorar, La voz, con un tono de emoción igual al que cuando empezó, puede oírse todavía.
“Así que eso paso. . . .”
“Ya han pasado tantos días y todavía la extraño.”
“No importa,” Maxine con una sonrisa. “La verdad solo la extrañas porque le daba estabilidad a tu vida. Desde que se fue, nada ha sido lo mismo—¿cierto?—pero no tiene que serlo. Las cosas deben de mejorar. Y todo, especialmente el amor, se da de forma natural. Me contaste que incluso has rechazado a algunas personas por ella. Bueno, me parece que es porque crees que no eres digno de nadie, le tienes miedo a demostrarle a otras personas lo que realmente eres. Pero dime, ¿te has sentido mejor por rechazarlas? Quizás sientas que estás siendo responsable al no entrar en una relación, pero, querido, no lo estás siendo. Vales muchísimo como para que sigas huyendo de tomar responsabilidad de ti mismo, Sabes que tu corazón quiere amar, pero lo único que haces cuando se presenta ese amor es huir, llenándote la cabeza de mil cosas. No retrases lo inevitable, no quiero que te hagas daño.
“Pero ah, hermoso, mírate. Realmente mírate. Estás así por alguien que ya no está. Tu amor es muy grande. Tiene una fuerza inmensa. Ocúpalo en ti mismo y en alguien que realmente quiera lo mejor para ti. Quizás pienses que no es así, pero encontrarás a alguien que te ame, que pueda ver a través de todo lo que escondes, directo al tesoro de tu alma. Y ni tu pasado ni tus miedos le van a importar, por que está ahí no solo para amarte, también para enseñarte todas las cosas que hay por amar en ti: cuando la veas sonreír, cuando le haya contado a alguien de ti y al presentártelos digan ‘¡Memo! es un placer conocerte,’ cuando duerma tranquilamente en tu pecho y te diga con toda seguridad que tú eres lo que ella quiere. Y cuando menos te des cuenta, tu corazón habrá sanado, y ella te tratará igual, pero ahora estará aliviada de que puedes por fin verte como ella te ha visto desde el principio. Y no es que no vea toda la obscuridad en tu corazón, no es que sea ciega a ella, a veces, cuando no la veas, tendrá miedo, pero sus ojos brillarán de nuevo, pues sabe que eres realmente aquél que brilla por debajo de toda esa obscuridad.”
Antes de que la sonrisa de Memo se transformara en llanto, Kelvin baja al fin, sus pasos resonando en la escalera, pues baja dando brinquitos.
“¿Ya?” le pregunta a Maxine. Ella asienta. “Bueno, toma,” le dice a Guillermo, alargando el teléfono del cual ya cuelga una pila portátil.
“Amm . . . ¿yo?”
“¿Quién más, campeón?”
“Ah, uhhh, ahhhh . . . okay . . .” se pega el teléfono a la oreja. “¿Bueno?”
“Holaaa, ¿Memo?” Al oír aquella voz, el corazón de Guillermo empieza a latir de otra manera, no con ansiedad, pero con emoción.
“S-s-¿si?”
“Un placer Memo. Me llamo Eurus y—“
“¿Crees que estará bien? Eurus lleva mucho tiempo queriendo conocerlo.”
“Lo hará. Nuestra niña es la mejor.”
Cuando bajan de nuevo, la llamada todavía sigue su curso.
“—si solamente la buscas cuando estás triste, no la amas. Definitivamente extrañas la seguridad que te daba. Es más fácil regresar a lo que eras antes, porque así ya nadie podrá juzgarte por lo que eres realmente, temes abrirte con alguien más, porque como dijo mamá, crees que no te amaran. Bueno, Cariño, la realidad es que muchos y muchas te han amado, pero en tu necedad, has cerrado la puerta por un amor oxidado, que ya ni es cenizas, es carne muerta, y te vas a pudrir con ella si sigues aferrado.”
Al llegar a casa, ya muy de madrugada, Guillermo. . . . Bueno, la conclusión lógica entonces es que realmente amas a quien buscas cuando estás feliz, ¿no? . . . Guillermo estaba muy feliz. Y no podía dejar de pensar en Eurus.
. . .
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2018.04.10 14:01 Our-boy The Shrek Plot in Spanish

Shrek es un ogro verde y solitario que tiene su hogar en un pantano. Un día el protagonista conoce a un burro que habla que huyó de su cruel dueña y no le teme pese a sus intentos por asustarlo e insiste en hacerle compañía. Shrek tras no aguantar su insistencia, le permite quedarse en su pantano una noche. Sin embargo, esa misma madrugada descubre que su hogar ha sido invadido por muchos personajes de cuentos de hadas, quienes fueron enviados al lugar por el malvado Lord Farquaad.
Dado que Burro sabe donde encontrar a Lord Farquaad, el protagonista se lo lleva para que le muestre el lugar y así pedirle que desaloje su pantano. Lord Farquaad es un malvado que está obsesionado con convertirse en rey, pero la única forma de lograrlo es casarse con una princesa. Su espejo mágico le revela la existencia de la princesa Fiona, que vive resguardada en la torre de un castillo por una dragona aún esperando su rescate. Al darse cuenta de ella, Farquaad decide organizar un torneo cuyo campeón será el elegido para rescatar y traerle a la princesa Fiona. Cuando Shrek y Burro llegan al reino y entran al recinto donde se organiza el torneo, al verlo ordena a todos los participantes que maten al ogro, pero Shrek y Burro logran vencerlos a todos. Tras esto, Farquaad nombra a Shrek como el campeón del torneo y cuando le anuncia su misión, Shrek le dice a Farquaad lo que hizo con su pantano, y éste le propone devolverle su propiedad desalojada a cambio de traerle a la princesa Fiona. Shrek acepta el trato y parte con Burro a la búsqueda de la princesa.
Al llegar al castillo, Burro es el encargado de distraer a la dragona, quien se enamora de él. Shrek logra rescatar a la princesa y huyen dejando a la dragona atrapada y triste. Con el exitoso rescate, Fiona le pide a Shrek que se quite el casco para ver a su salvador y después de hacerlo se sorprende al ver que fue un ogro quien la rescató. Tras darse cuenta de que fue enviado por Farquaad no quiere continuar con el camino, pero Shrek se la lleva a la fuerza. Esa tarde, cuando ve que está por oscurecer, Fiona insiste en que necesita un lugar para acampar y Shrek y Burro le consiguen una cueva donde Fiona inmediatamente se encierra y no sale de ahí hasta que amanece.
En el camino de regreso, Fiona se siente arrepentida por haber tratado mal a Shrek, así que decide hacer las paces con él y juntos entablan una gran amistad en su aventura. Cuando finalmente llegan al castillo de Farquaad, Fiona se da cuenta de la puesta de sol y decide encerrarse en una cabaña cercana para pasar la noche. Esa tarde Burro le sugiere a Shrek que si en verdad ama a la princesa le declare su amor, pero Shrek lo duda mucho porque siempre ha sido juzgado por su apariencia. Burro entra a la cabaña a ver a Fiona y descubre que ella también es una ogresa como Shrek. Fiona le confiesa que ha tenido un hechizo desde niña: de día es humana y de noche una ogresa. Es por eso que es urgente que se case con Lord Farquaad al día siguiente antes de que oscurezca porque sólo el beso de su verdadero amor romperá el hechizo y la hará tomar su verdadera forma.
Shrek, que está fuera de la cabaña, se decide a declararle a Fiona su amor, pero cuando se acerca a la puerta escucha su conversación y oye a Fiona comentando que nadie podría amar a una bestia tan repugnante y fea. Shrek, pensando que ella estaba hablando de él se desilusiona y se arrepiente de confesarle su amor y va al castillo a traerle a Lord Farquaad. En ese momento Burro sale de la cabaña y le promete a Fiona que no le dirá a nadie lo que descubrió de ella.
Luego de un rato, Fiona después de pensarlo mucho decide revelarle a Shrek su secreto y sale la cabaña como ogresa sin que Shrek la haya visto, amanece y se convierte en humana pero cuando lo encuentra él se muestra muy enfadado e indiferente. Ella le pregunta el porqué de su reacción y él le responde que había escuchado ‘todo’ y que efectivamente nadie podría amar a una bestia tan repugnante y fea. En ese momento llega Lord Farquaad y le pide matrimonio mientras Fiona se sorprende de la corta estatura de Lord Farquaad y de su arrogante actitud. Shrek recupera las escrituras de su pantano para volver a vivir solo y Fiona acepta casarse con Lord Farquaad antes del anochecer para que no se de cuenta de su hechizo. Shrek regresa a su pantano y Burro lo sigue porque quiere que sigan siendo amigos a pesar de todo y le comenta que no debió haber permitido que le quitaran a Fiona. Luego Shrek le dice lo que creyó erróneamente cuando los escuchó la noche anterior pero Burro le aclara que ella no estaba hablando de él.
Shrek se da cuenta del malentendido y decide ir por Fiona. En ese momento Burro llama a la dragona del castillo de quien se enamoró y juntos se dirigen a la iglesia para impedir la boda. Cuando llegan, Shrek entra a la iglesia e interrumpe a Fiona cuando está a punto de recibir el beso de Farquaad y le ruega que no se case con él. Fiona al ver su arrepentimiento le revela su secreto de ogresa frente a todo el mundo ante la sorpresa de Shrek. El malvado lord Farquaad reta a Shrek a un combate. En ese momento Burro aparece con la dragona en la iglesia y devora a Lord Farquaad acabando con todo lo que los amenazaba.
Shrek por fin le confiesa su amor a Fiona y ella le dice que también lo ama y ambos se dan el beso de amor verdadero que hace que Fiona quede transformada en una ogresa para siempre. Momentos después Shrek y Fiona se casan en medio de una gran boda con todos sus amigos de los personajes de cuentos de hadas y al irse en una carroza recién casados su historia termina con la frase: "...y vivieron feos para siempre. Fin".
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2017.07.19 08:01 albedrio Carta a una chica muerta

Alguna vez he dicho que en los últimos tiempos, aunque leo todas las cartas que recibo, me es imposible responder a ellas. Hasta hace poco lo hacía disciplinadamente, aunque fuera con retraso; pero ya no puedo. Cartas respondiendo a cartas, o tarjetas de agradecimiento por los libros que sus autores me envían. Es demasiado correo y es un honor recibirlo, pero ese honor rebasa mis posibilidades. Y nunca quise dejar esa tarea a un secretario o asistente. Uno envejece, menguan las energías y también la vida se complica con viajes y obligaciones profesionales y personales que reducen el tiempo disponible. No se ofendan, por tanto, quienes ya no reciben respuesta. No se sientan decepcionados. No es indiferencia, sino sólo que me hago mayor. Y me canso. Sesenta y seis tacos de almanaque empiezan a notarse un poco. Quien los tiene, lo sabe.
Hay excepciones, naturalmente. Cartas a las que resulta imposible no responder. Y eso me ocurre hoy. Lo singular es que se trata de una carta cuya respuesta no puedo enviar a ninguna dirección postal. Esa dirección ya no existe, pues la carta ha seguido un extraño camino hasta llegar a mis manos. La escribió en Jaén una joven llamada Carmen el 4 de junio de 2002. Carmen tenía 27 años, y murió meses después de escribir a mano esas líneas que nunca llegó a echar al correo. La carta fue encontrada años después por la madre, entre los viejos papeles de su hija, y me la remitió con una breve nota explicativa el 29 de junio de 2014. Llegada a mis manos con otras cartas, se traspapeló entre las páginas de un libro, y no la he encontrado ni abierto hasta hace unas semanas, el 7 de junio de 2017. Siempre junio, fíjense qué coincidencia. Doce años tardó en llegar a mis manos y tres años he tardado yo en leerla. Quince años después de la muerte de Carmen.
No detallaré mucho lo que dice. Se confiesa seguidora entusiasta de mis novelas, y comprobando las fechas veo que no llegó a leer La reina del Sur, en la que yo todavía estaba trabajando a su muerte. Seguramente la última fue La carta esférica, o uno de los Alatristes. En su nota, la madre, que también se llama Carmen, asegura que su hija era lectora ávida de toda clase de libros, incluidos los míos. «Era una enamorada –asegura– de todo lo que saliera de sus manos». Esa línea, como pueden imaginar, me remueve por dentro. Me entristece ante el pensamiento de que Carmen murió sin que yo supiera de su existencia, y de que haya tardado tanto en saberlo. En aquel tiempo aún podía yo responder puntualmente a cuantas cartas recibía, y sin duda lo habría hecho a la suya. Una carta que ella nunca puso en el correo, una carta que tardé quince años en leer. Y esa desazón, o ese remordimiento, me hace estar hoy aquí dándole a la tecla, mientras intento torpemente responder a las palabras de afecto de una chica muerta.
En su carta, escrita en papel cuadriculado y con letra redonda, tinta violeta, por las dos caras del folio, Carmen se revela como lectora entusiasta de libros y ávida amante de la literatura. Me habla apasionadamente de Charles Dickens, de Galdós –su escritor favorito– y de Alejandro Dumas, y también de Humphrey Bogart, y de un viejo y triste artículo que escribí en 1993 titulado Cuento de Navidad, que según ella trasladó su interés del reportero de la tele que aún era yo entonces al novelista que empezaba a asentarse por esas fechas. También me cuenta que en cierta ocasión, estando yo en una feria del libro, tuvo ocasión de saludarme, pero se impuso la timidez y no se atrevió; siendo su padre, cartagenero como yo, quien al fin se acercó a pedirme para ella una firma en un libro. Me dice todo eso, y termina expresando la esperanza de poder conversar conmigo algún día sobre libros y literatura. Nunca tuvimos esa conversación, o sí. Porque en realidad converso con ella ahora, sentado en el lugar donde trabajo, teniendo a mi izquierda una estantería llena de diccionarios y libros de consulta, y a la derecha los estantes que con cada novela lleno de material de trabajo antes de vaciarlos y empezar de nuevo. Por la ventana entra una luz dorada en la que parece navegar, dentro de su urna de cristal, la maqueta de la Bounty. Y quiero decirle a Carmen que en este momento su carta se encuentra junto al manuscrito recién terminado que está sobre la mesa, con las últimas correcciones a una nueva novela que ella nunca leerá, pero que de algún modo también me ayudó a escribir. Por eso le doy las gracias y le devuelvo con todo mi cariño aquel lejano beso de amiga que al fin recibí, quince años después, desmintiendo a la muerte, al tiempo y al olvido.
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